lunes 8 de febrero de 2010

MonoCrónica

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Terminaba la secundaria, y como la gran mayoría de estudiantes, con ilusión me preparaba para realizar los trámites necesarios para ingresar al llamado "bachillerato unitario" de la Universidad de Guadalajara. Adquirí  mi sobre de formas y cumplí uno a uno con todos los requisitos marcados, llenar formatos, ingresar papeles y presentar los exámenes requeridos en los días estipulados.

Llegó el día de publicación de las listas de admitidos, me llevaron un amigo y sus papás a ver si las habían exhibido, primero en la Escuela Vocacional, donde solo estaban publicados los admitidos de ese plantel, -mi amigo salió ahí-  y después nos trasladamos a la Prepa 2, en donde sí estaban enlistados todos los nombres de los nuevos alumnos.

Al interior de dicho plantel, frente a las vitrinas, había muchachos y familias enteras con manifestaciones tanto de alegría como de desazón e inclusive algunos llantos.  Con ansiedad me dispuse a buscar mi nombre...revise una y otra vez, hasta que - con un hueco en el estomago- tuve que hacerme a la idea...no había salido en listas.

Quizás al paso del tiempo se vea magnificado el hecho, pero para ese entonces indudablemente era una de las tardes mas tristes de mi vida, y supongo que para mis padres también.

Semanas después pedí los resultados de exámenes realizados para el proceso de trámites, en las pruebas de conocimiento y psicológica -si bien no habían sido excelentes-,  sí tenía la calificación necesaria para ser admitido, pero resulta que había reprobado el llamado examen socio-económico, es decir, el problema para la U.de G. era que mi casa no estaba ubicada en un barrio popular sino en una colonia, se decía, "acomodada".

Asistí a la prepa 7 de "oyente" por un par de días acompañando a otro amigo de la secundaria, sin embargo para no perder totalmente el semestre opté por inscribirme en la academia de artes "Bibriesca" y estudiar temporalmente diseño gráfico, estuve ahí durante cinco meses y llegado el momento, realicé de nuevo  tramites "universitarios", en esta ocasión para el calendario "A".

Finalmente fui aceptado por la universidad y ubicado en la preparatoria número siete...  la vida estudiantil seguiría su curso.

En aquel tiempo la relación de porcentaje entre admitidos y rechazados era, si mal no recuerdo, de 60 a 40 por ciento, ahora según leí en un diario en internet, el porcentaje de rechazados -o como les nombra la burocracia universitaria: "No-Admitidos"- se invirtió llegando a un 64%... situación alarmante para tanto joven que desea seguir estudiando y para sus respectivas familias. 
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